
En Umpuco, en Puno, al sur de Perú, una comunidad quechua resiste ante la sequía y busca todo tipo de alternativas para mantener la producción de fibra de alpaca. Ante la falta de agua, las mujeres de la comunidad se han unido y han rescatado una técnica milenaria para garantizar la supervivencia de los animales y su sustento.
Dado el avance de la sequía en esta parte del país, las mujeres se encargan de sembrar y cosechar agua. La técnica consiste en recolectar el agua de lluvia de las zonas más altas (siembra) para recuperarla después en las más bajas (cosecha).
La comunidad ha decidido recuperar estos saberes ancestrales como una alternativa para sobrevivir al cambio climático. De esta manera, aprovechan la infraestructura natural para recuperar y conservar el agua, especialmente en tiempos de sequía.
Las mujeres captan el agua del manatial Japulaya, lo canalizan por una tubería de más de 1.000 metros y han construido zanjas para evitar el escurrimiento de las lluvias. Así, han recuperado 700 hectáreas de sus praderas con pastos nativos de los Andes.
Además, han instalado ocho reservorios que tienen la capacidad de almacenar hasta 120.000 litros de agua, los cuales se usan para el riego. De esta manera, la comunidad resiste ante la crisis climática y garantizan la continuidad de la producción de la fibra de alpaca.
Actualmente, el 60% de esta cadena de producción está en manos de mujeres, lo que ha convertido al país en el primer productor mundial de su fibra, con exportaciones que superan los 90 millones de dólares al año.
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