Su trabajo une ciencia, tradición y cuidado ambiental para proteger uno de los ecosistemas más amenazados del país.

En las costas del estado de Pará, Brasil, alrededor de 600 mujeres mariscadoras, pescadoras y artesanas se agrupan en la red conocida como las madres de los manglares (Mães do Mangue), un colectivo que abarca al menos 37 comunidades y 12 reservas extractivas marinas.
Estas mujeres heredaron del manglar no solo su sustento sino también un profundo conocimiento ecológico, el cual hoy movilizan para conservar un ecosistema clave de la región amazónica.
Las actividades que desarrollan son múltiples: organizan talleres comunitarios sobre pesca sostenible, reconstruyen áreas degradadas de manglar, plantan árboles, supervisan capturas responsables y establecen sistemas de monitoreo para controlar amenazas como la deforestación o la contaminación.
Al apostar por prácticas ecológicas y extractividad moderada, contribuyen a la regeneración de manglares que albergan especies fundamentales para la pesca y el equilibrio costero.
La razón de su acción se explica por la doble función que los manglares cumplen: por un lado aportan directamente a la seguridad alimentaria y económica de las comunidades que dependen de la pesca artesanal, y por otro lado son barreras naturales esenciales frente al cambio climático, ya que capturan grandes cantidades de carbono y protegen la línea costera de la erosión. Las mujeres detectaron que proteger su territorio era sinónimo de asegurar su cultura, sus ingresos y su identidad.
El impacto de su labor se expande tanto en lo ecológico como en lo social. En las reservas donde actúan, se han documentado mejoras en la biodiversidad de crustáceos y en la capacidad de regeneración del manglar; al mismo tiempo, estas mujeres han cimentado formas de organización colectiva que elevan su protagonismo tradicionalmente invisibilizado. Su liderazgo refuerza el empoderamiento femenino y abre posibilidades para el desarrollo de microempresas locales vinculadas a la conservación.
Los beneficios alcanzan también a toda la comunidad costera: gracias a la restitución del manglar se sostiene la pesca artesanal, se reducen los riesgos de inundación y se conservan prácticas culturales que datan de generaciones.
A su vez, las iniciativas de microfinanzas y los talleres de emprendimiento que lideran buscan diversificar los ingresos familiares más allá de la extracción directa. De ese modo, el proyecto se convierte en un modelo de cómo la protección ambiental puede servir de palanca para el desarrollo social.
La experiencia de las Mães do Mangue demuestra que la conservación de ecosistemas críticos no es solo una labor técnica, sino también una obra colectiva que interpela estructuras de poder, identidad y economía. Su trabajo en la Amazonía brasileña muestra que cuando las comunidades asumen la defensa de su entorno, se genera un cambio profundo: el manglar no solo se protege, sino que se convierte en motor de bienestar, dignidad y resiliencia.
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