Loma Santa: la respuesta indígena que blindó el corazón de la Amazonía boliviana

publicado en: Blog | 0

Un precedente de autonomía y gestión territorial que protege 200.000 hectáreas de la crisis extractivista.

El Territorio Indígena Multiétnico (TIM), ubicado en el departamento de Beni, Bolivia, ha sido durante años un campo de batalla silencioso. El problema era la amenaza constante y creciente de la explotación ilegal: la tala descontrolada, la incursión de la minería y la expansión de la frontera agropecuaria erosionaban sin piedad el bosque, poniendo en peligro no solo la vasta biodiversidad, sino también la supervivencia cultural y la fuente de recursos hídricos vitales para las comunidades. 

Los pueblos Mojeño-trinitario, T’simane, Mojeño-ignaciano, Yuracaré y Movima necesitaban un mecanismo de defensa que fuera tan fuerte como su arraigo a la tierra. Ante este desafío, la solución no vino de una ley impuesta por el gobierno central, sino de un acto de soberanía territorial. 

Los líderes de las 26 comunidades, articulados en la Subcentral de Cabildos Indigenales del TIM, tomaron una decisión histórica mediante el Voto Resolutivo 01: la declaración de Loma Santa como el Área de Conservación Indígena del territorio. Con esto, cerca de 200.000 hectáreas de bosque, llanuras y nacientes de agua pasaron a ser gestionadas y defendidas bajo el régimen de autonomía indígena, un hito que marca la primera área protegida de esta naturaleza en la Amazonía boliviana.

En este proyecto de conservación, los protagonistas indiscutibles son los propios habitantes. Son ellos quienes, con apoyo técnico y legal de organizaciones como ORÉ y Asociación Armonía, han establecido una estructura de gobernanza propia. Esta incluye la capacitación de guardabosques indígenas que usan la tecnología (como la georreferenciación y el mapeo) y los conocimientos ancestrales para el monitoreo. 

La acción es concreta: se han instalado puestos de control en puntos estratégicos para detener la extracción ilegal de madera y coordinar una vigilancia permanente contra cualquier delito ambiental. La motivación detrás de esta monumental tarea es profundamente humana y cultural. El nombre Loma Santa evoca un movimiento milenario de los mojeños, la búsqueda de la “Tierra Sin Mal”; un paraíso donde la vida fluye sin opresión. 

Proteger este territorio es, por ende, la materialización de su memoria y espiritualidad. Además, la ciencia confirma la urgencia: el área alberga una biodiversidad excepcional, incluyendo más de 250 especies de aves, entre ellas el emblemático águila arpía (Harpia harpyja), cuya supervivencia depende de la integridad del bosque.

El impacto de Loma Santa trasciende los límites del Territorio Indígena Multiétnico. A nivel político, consolida la Autonomía Indígena y demuestra de manera fehaciente que los pueblos originarios tienen la capacidad técnica y ética para administrar y proteger ecosistemas complejos. A nivel ambiental, asegura la existencia de un vasto “núcleo de reproducción” para las especies, garantizando el funcionamiento continuo del bosque, el suministro de agua y la mitigación del cambio climático.


Loma Santa se erige así no solo como un refugio de vida silvestre, sino como un modelo replicable de resistencia y éxito. Su historia es un recordatorio poderoso de que la estrategia más efectiva para la conservación de la Amazonía reside en otorgar el poder de decisión y gestión a quienes han convivido con ella durante siglos. Es una victoria de la resiliencia comunitaria sobre la avaricia extractivista, ofreciendo una valiosa lección de sustentabilidad para Bolivia y el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *