Arakuaa: La máquina boliviana que convierte el diseño plástico en hilo de vida

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Una alianza entre tecnología de código abierto y sabiduría ancestral teje el futuro sostenible de las comunidades textiles.

Bolivia, una nación con profundas raíces en el arte textil, se enfrentaba a una compleja encrucijada: el crecimiento descontrolado de la contaminación por plástico y la simultánea escasez de materia prima para sus artesanos. Esta crisis se agudizó dramáticamente con los incendios forestales en la Chiquitanía, que destruyeron cultivos de algodón y plantas de garabatá. 

Este desastre natural dejó a comunidades ancestrales sin el insumo base para su trabajo y amenazando directamente la continuidad de su legado cultural. Era evidente la necesidad de una solución técnica, sostenible y que pudiera integrarse al conocimiento local.

Este escenario impulsó a la ingeniería electrónica boliviana Grecia Bello a diseñar una respuesta que uniera la innovación tecnológica con el imperativo social. Así concibió Arakuaa, término guaraní que se traduce como “habilidad para entender la vida”. 

El proyecto se materializó en una máquina de bajo costo diseñada para reprocesar botellas de PET desechadas y convertirlas en fibra textil. El proceso es riguroso: el plástico se procesa mecánicamente, luego se funde a una temperatura controlada ), y la resina resultante es extruida y estirada hasta generar filamentos de diverso calibre, aptos para ser tejidos.

El desarrollo de este prototipo no se basó en la exclusividad, sino en la colaboración abierta. Liderado por la ingeniera, el proyecto se desarrolló en el Fab Lab Santa Cruz de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), promoviendo la democratización tecnológica. 

Un equipo multidisciplinario de cerca de 15 personas utilizó software de código abierto y componentes accesibles en el mercado local, logrando ensamblar la máquina. Este enfoque demuestra que la innovación de alto impacto puede ser gestada con recursos limitados y un compromiso firme con la sostenibilidad social.

La operatividad de Arakuaa se centra en su vinculación directa con las comunidades artesanales. La tecnología fue concebida para ser replicada, adaptada y operada por los propios tejedores. Esta alianza estratégica garantiza que la nueva fuente de fibra se incorpore de manera orgánica al proceso productivo. Los artesanos de la comunidad guaraní han jugado un papel crucial en la fase de experimentación, logrando integrar la fibra plástica con pigmentos naturales propios, manteniendo la autenticidad de sus diseños y enriqueciendo su tradición textil con un material de origen reciclado.

Al ofrecer una alternativa técnica y económicamente viable a las fibras convencionales, esta tecnología se convierte en un motor de reactivación cultural y económica. Lo que anteriormente era un residuo contaminante, hoy se transforma en materia prima para la creación de textiles utilitarios, desde accesorios y bolsos hasta insumos para mobiliario. Esta capacidad de recircular el material desechado en la cadena de valor textil reduce significativamente la dependencia de recursos vírgenes y alivia la presión ambiental sobre los ecosistemas locales.

La visión a largo plazo de Grecia  es la liberación de los planos de Arakuaa, permitiendo que la tecnología sea replicable por cualquier grupo o comunidad a nivel global. Esta política de código abierto ha generado un interés inmediato en el ámbito internacional, con solicitudes de documentación provenientes de varios países. Este movimiento no solo impulsa un modelo de emprendimiento sostenible y de producción local de bajo costo, sino que también proyecta la capacidad innovadora de Bolivia como un referente en la integración de tecnología, tradición y responsabilidad ambiental.

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