Turismo comunitario en Alto Milluni: mujeres guardianas de la cultura andina

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Una alternativa de vida sostenible para la comunidad de la antigua zona minera boliviana.

El corazón de Alto Milluni, una comunidad que se asienta a 4.400 metros de altitud sobre el nivel del mar, justo a los pies del imponente Huayna Potosí, se enfrentó durante mucho tiempo a un doble problema social y económico: la tristeza de ver partir a sus hombres por la migración masiva tras el cese de la actividad minera y una profunda preocupación por el recurso hídrico.

Las viejas operaciones mineras han dejado un legado de metales pesados que amenaza la calidad del agua de sus lagunas, esencial para el consumo y el pastoreo, sumándose al abandono comunitario. En este contexto de precariedad y necesidad de proteger su fuente de vida, las mujeres aymaras decidieron quedarse, siendo el pilar de sus familias y las guardianas de su cultura; sin embargo, necesitaban urgentemente una fuente de ingresos que las mantuviera arraigadas a su querida tierra, un desafío común en muchas áreas post-extractivistas de Bolivia.

La solución a este desafío ancestral no vino de fuera, sino de su propia fuerza y organización: un hermoso proyecto de turismo comunitario que pone en valor lo más valioso que tienen: su rica herencia cultural, la belleza inigualable del paisaje andino, y esa gastronomía que enamora.

Este emprendimiento social y solidario, impulsado por mujeres líderes, nació con el nombre de Suma Phukhu Alto Milluni, una cooperativa que hoy agrupa a más de 30 mujeres decididas a cambiar su historia y la de su comunidad a través de esta nueva actividad económica.

El proyecto de turismo sostenible funciona bajo un modelo asociativo muy solidario, donde las mujeres emprendedoras se organizan en grupos y rotan las responsabilidades, asegurando que el trabajo y los beneficios se distribuyan de manera justa entre todas. Esta estructura cooperativa y horizontal, que cuenta con el apoyo de diversas organizaciones, es la verdadera clave de su éxito, ya que fomenta la autogestión y el empoderamiento colectivo, permitiéndoles ofrecer una experiencia turística integral, auténtica y, sobre todo, muy cálida a los viajeros interesados en el turismo en Bolivia.

Además, al vincular directamente la salud del ecosistema —especialmente sus nevados y lagunas— con el éxito de su proyecto turístico, se genera un incentivo económico directo para el cuidado ambiental, posicionando a Alto Milluni como un destino de turismo sostenible imperdible y defensor de sus fuentes de agua.

Lo que estas valientes mujeres de Alto Milluni hacen es abrir las puertas de su vida e invitar a los turistas a una inmersión profunda en la cosmovisión andina y la historia local a través de rutas fascinantes como “Minero por un día” o las visitas guiadas a los atractivos naturales, como las lagunas de colores y el nevado Huayna Potosí.

Ellas se encargan de guiar a los visitantes por los senderos, narrar las leyendas, organizar la logística y, de manera especial, deleitar a los visitantes en su Centro Gastronómico Artesanal, donde sirven platillos típicos hechos con carne de llama y otros productos locales, complementando la experiencia con la venta de artesanías textiles elaboradas con fibra de camélidos, promoviendo el comercio justo y el cariño por lo propio.

Las participantes del proyecto, que son exclusivamente mujeres aymaras, se han convertido en anfitrionas por vocación, guías experimentadas y cocineras excepcionales, recuperando la sabiduría ancestral del pastoreo y el tejido, y adaptándola a una nueva fuente de ingresos que fortalece sus raíces y su identidad.

Ellas provienen de los ocho sectores que componen la comunidad de Alto Milluni y han asumido el rol de verdaderas guardianas del territorio, impulsando incluso campañas de limpieza para proteger su frágil ecosistema de la contaminación plástica generada por el alto flujo de visitantes y consolidando la organización de mujeres a nivel local.

La transformación es notable en la vida cotidiana de las familias de Alto Milluni, ya que esta diversificación económica permite a las mujeres generar ingresos de manera autónoma, logrando que muchas de ellas decidan quedarse en su tierra, compartiendo con orgullo su herencia, en lugar de migrar.

La revalorización de su cultura, su idioma y su historia se da de forma natural con cada interacción con el turista, elevando la autoestima comunitaria, devolviéndole el protagonismo a la mujer indígena y demostrando al mundo que es posible alcanzar un desarrollo económico local que sea digno, solidario y respetuoso con la cultura y el majestuoso medio ambiente andino.

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