Un grupo de mujeres combate el fuego con palas y reforesta con especies nativas, asegurando la autonomía de sus comunidades ante la crisis climática.

En el sureste de Bolivia, la región de la Chiquitanía alberga el bosque seco tropical mejor conservado del mundo. Sin embargo, cada año, las temporadas de sequía e incendios forestales amenazan este ecosistema vital.
Frente a esta crisis, ha surgido un movimiento de resistencia liderado por mujeres indígenas que combaten el desastre en un doble frente: son Bomberas cuando el fuego avanza y Sembradoras cuando el bosque necesita sanar. Este escuadrón, impulsado por mujeres de comunidades como Roboré, se ha convertido en un símbolo de autonomía y resiliencia climática en Latinoamérica.
El origen de esta iniciativa responde a una necesidad urgente. Los incendios, avivados por el clima cada vez más caliente y seco de la región, son un fenómeno recurrente que amenaza no solo la biodiversidad, sino también los hogares y el sustento de las comunidades indígenas.
Tras recibir formación especializada, salen con mochilas de agua de 20 litros, palas y machetes para enfrentarse a las llamas, cavando surcos y usando tierra para sofocar el fuego antes de que se propague y se convierta en una catástrofe forestal.
El trabajo de estas mujeres es pionero en la región, desafiando los roles de género tradicionales en un área históricamente dominada por hombres. Ellas son las primeras en alertarse por cadena telefónica y organizarse, demostrando que están capacitadas no solo para la prevención, sino para la respuesta inmediata y eficaz.
Pero su trabajo no termina cuando el incendio se apaga. Aquí es donde entra en juego la faceta de Sembradoras . El escuadrón ha adoptado una estrategia de reforestación inteligente basada en el conocimiento ancestral del bosque.
Su enfoque se centra en plantar una especie nativa con propiedades únicas: la almendra chiquitana ( Dipteryx alata ). Este árbol es crucial porque, gracias a su corteza gruesa, tiene una gran resistencia natural al fuego y se recupera rápidamente después de un incendio, actuando como un cortafuegos biológico que protege el resto del ecosistema.
Este doble compromiso—defender el bosque en el momento de la emergencia y asegurar su futuro a largo plazo a través de la reforestación—convierte a este escuadrón de mujeres en un modelo de gestión socioambiental.
Su labor es un testimonio vivo de la conexión profunda que mantiene con su territorio. Al dedicarse también a la artesanía para sustentarse, demuestran una visión integral que liga la conservación ambiental, la economía local y la lucha contra los efectos del cambio climático, asegurando que las generaciones futuras puedan seguir viviendo de los recursos de la selva.
Su historia es una demostración de que la solución a la crisis ecológica y climática en Latinoamérica no solo pasa por la tecnología, sino por escuchar y empoderar a las comunidades locales, especialmente a las mujeres indígenas, cuyo conocimiento tradicional y coraje son esenciales para proteger la invaluable riqueza natural de Bolivia. Su esfuerzo diario es un compromiso con la vida, sembrando árboles hoy para evitar incendios mañana.
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