Gracias a proyectos de manejo de cuencas como el del Yaque del Norte, el país ha logrado duplicar su cobertura boscosa.

República Dominicana, un país que durante décadas sufrió una severa deforestación, se ha consolidado como un líder ambiental en el Caribe al lograr una hazaña ecológica: en los últimos años, ha duplicado su cobertura boscosa, pasando de cubrir menos de una cuarta parte de su territorio a más del 56% actual. Este “milagro” ambiental se basa en un compromiso sostenido que involucra a gobiernos, empresarios y, principalmente, a las comunidades locales.
El corazón de este esfuerzo se centra en la restauración y manejo de las cuencas hidrográficas más importantes del país, especialmente la del río Yaque del Norte , considerada el principal almacén de agua natural. Esta cuenca es vital porque suministra agua a más de 4 millones de personas y sostiene la agricultura en la fértil región del Cibao.
El éxito de la reforestación radica en la combinación de un esfuerzo público-privado. Programas emblemáticos como el Plan Sierra, han jugado un papel clave en la protección del suelo y la plantación de millones de árboles, muchas de ellas especies endémicas y nativas como la caoba criolla y el pino occidentalis.
A diferencia de otros planos de reforestación que fallan por la falta de incentivos a largo plazo, el modelo dominicano ha logrado persuadir a los agricultores de que la conservación es la mejor inversión para su futuro. Al principio, era común que los propietarios de tierras preguntaran: “¿Y yo qué gano con plantar árboles?”. La respuesta, impulsada por técnicos y educadores ambientales, se centra en asegurar el recurso más preciado: el agua.
La reforestación ha demostrado que reduce la erosión del suelo y aumenta la capacidad de retención de agua en las microcuencas, logrando que riachuelos que antes se secaban en verano, ahora fluyan limpios y caudalosos.
Además de la plantación, el Gobierno dominicano ha implementado políticas como el Pago por Servicios Ambientales Hídricos, que incentiva económicamente a los dueños de tierras para que mantengan la cobertura boscosa o transición a sistemas agroforestales sostenibles, como el café bajo sombra, asegurando un ingreso sin necesidad de deforestar. Esta reducción de la degradación del suelo en zonas críticas, como el Yaque del Norte, ha sido un indicador directo del éxito.
En última instancia, el reverdecimiento de la República Dominicana es una lección de resiliencia climática. El país está blindando su territorio contra la sequía y la degradación, demostrando que la mejor forma de asegurar los recursos hídricos es a través de la restauración boscosa, convirtiendo una quinta parte de su territorio en un pulmón vital para el Caribe.
Deja un comentario