Guatemaltecas salvan el Atitlán con reciclaje

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El proyecto que es pionero en el país, está cambiando el futuro del lago y de las mujeres que se empeñan en preservarlo.

El lago de Atitlán, ubicado en Sololá, al suroeste de Guatemala, es el tercero más grande del país y el más profundo de toda Centroamérica. Entre colinas verdes, es conocido por las aldeas mayas y los volcanes que lo rodean, lo que lo convierte en un área vital para la sostenibilidad socioeconómica y ambiental de la región.

Además de ser un importante destino turístico, es un recurso hídrico crucial para el territorio y un hábitat de diversas comunidades mayas que han mantenido sus tradiciones, costumbres y lenguas a pesar de los cambios sociales, lo que a su vez le da un alto valor cultural.

Sin embargo, por los altos niveles de contaminación, este destino sagrado está en riesgo y varias especies de flora y fauna han comenzado a desaparecer. 

La principal causa de contaminación es la descarga de aguas residuales, la basura sólida y los químicos usados en las actividades agrícolas, lo que ha hecho que el lago pase a un grado de degradación alarmante.

Además, con el aumento del turismo y la población, el desgaste del Atitlán es aún mayor, por lo que se requieren acciones urgentes para frenar su deterioro, de lo contrario, esta belleza natural podría desaparecer.

A razón de ello, como parte de las iniciativas que se vienen implementando para frenar los altos grados de contaminación, nació Atitlán Recicla, la primera cooperativa de mujeres recicladoras del país.

Esta iniciativa pionera en el manejo de residuos, es un ejemplo de que la economía circular beneficia a la sociedad y al medio ambiente. Además, este proyecto es una muestra fehaciente de que se pueden transformar las comunidades y la manera de relacionarse con la naturaleza en pro del cuidado del planeta.

Actualmente, en la cooperativa están vinculadas casi 100 pobladoras indígenas de la cuenca del lago Atitlán. Ellas se encargan de recoger la basura, separarla, organizarla, limpiarla y reciclarla.

Vestidas con sus trajes tradicionales recolectan en costales kilos de vidrio, cartón, plástico y otros materiales reciclables, que luego son trasladados a la capital para venderlos a grandes empresas.

La cooperativa conformada solo por mujeres, fue creada en 2017 y, desde entonces, han recuperado 4.500 toneladas de desechos que hubieran sido quemados o terminado en el lago u otras fuentes hídricas de la localidad.

Además de que estas mujeres inspiran un movimiento global para el cuidado del planeta, comparten la visión de una gestión ambiental responsable y, como parte de su labor, imparten talleres de concientización ambiental y de empoderamiento, pues por medio de esta iniciativa las mujeres también pueden tener un sustento económico y mayor independencia.

Como parte del crecimiento del proyecto, ahora también fabrican productos con materiales reciclados, lo que a su vez promueve la generación de más empleo en la localidad y ratifica su compromiso con el cuidado del medioambiente.

Así, estas mujeres se han convertido en agentes de cambio creando conciencia en la población, cuidando sus recursos naturales, mejorando la calidad de vida de los residentes de la cuenca del lago, protegiendo su territorio y demostrando que todos pueden tomar parte activa para garantizar el futuro sano y sostenible del planeta.

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