Una labor de resistencia para salvar la biodiversidad y el conocimiento milenario en el páramo.

En las cumbres de la provincia de Cotopaxi, donde el oxígeno escasea y la niebla se vuelve suelo, una riqueza milenaria estuvo a punto de desaparecer para siempre. Durante décadas, la expansión de los monocultivos y la presión del mercado por variedades comerciales de rápido crecimiento relegaron a un segundo plano a las especies nativas, dejando al borde de la extinción a tesoros como la chiwila, una papa ancestral que solo sobrevive en las condiciones extremas de la alta montaña.
Esta pérdida no representaba únicamente la desaparición de un ingrediente en la mesa, sino una peligrosa erosión de la seguridad alimentaria en Latinoamérica, debilitando la capacidad de los suelos para recuperarse y dejando a las comunidades vulnerables ante un clima cada vez más errático.

Frente a esta crisis de biodiversidad, Hortencia Chugchilán ha emergido como una figura central en la conservación activa, liderando un movimiento que devuelve el protagonismo a la sabiduría campesina. Su labor no se limita a la siembra, sino que funciona como una custodia de la vida que selecciona y protege las semillas que el sistema industrial decidió descartar por no ser rentables. La solución ha sido volver al origen mediante la agroecología, recuperando variedades que poseen una resistencia natural a las heladas y plagas, lo que permite producir alimentos de alta calidad sin depender de los costosos insumos químicos que terminan por esterilizar el ecosistema del páramo.
El funcionamiento de este proyecto se basa en la recuperación de los ciclos biológicos y el intercambio de saberes tradicionales en su entorno. Hortencia y su red de guardianas trabajan bajo un modelo de agricultura regenerativa donde cada surco en la tierra negra es un acto de preservación. No se trata de una producción masiva, sino de una gestión cuidadosa donde se prioriza la rotación de cultivos y el uso de abonos orgánicos propios de la zona. Esta metodología permite que la chiwila y otras papas nativas recuperen su lugar en la tierra, manteniendo viva la diversidad necesaria para que el sistema alimentario de la región no colapse ante las enfermedades externas.

En este esfuerzo colectivo, Hortencia es el motor de una red que involucra a familias rurales y otros guardianes de semillas que comparten la visión de no perder su identidad. La colaboración con colectivos que valoran el patrimonio agrícola ha sido clave para que este trabajo trascienda las parcelas familiares y llegue a nuevos espacios de conciencia ambiental en todo Ecuador. Al unirse, estos actores crean una barrera humana contra la desaparición de las especies nativas, asegurando que el conocimiento sobre cómo tratar la tierra y cómo conservar cada variedad se transmita como una herramienta de autonomía para las generaciones que vienen detrás.
Esta labor transforma directamente la realidad de las familias de la zona al devolverles el control sobre lo que siembran y consumen, fortaleciendo la economía local desde un enfoque de respeto por la naturaleza. Al recuperar especies resilientes, los agricultores aseguran su sustento incluso en temporadas de clima extremo, reduciendo la necesidad de comprar productos fuera de su entorno. El suelo recupera su vitalidad y su capacidad para retener agua, lo que beneficia a todo el ecosistema de altura y garantiza la salud de las fuentes hídricas. Se genera un ciclo de bienestar donde la recuperación de un alimento antiguo se traduce en una mejor calidad de vida para el presente.

Más allá de las fronteras locales, la historia de Hortencia Chugchilán resuena como un modelo de esperanza frente a la crisis climática global. Al salvaguardar la chiwila, se garantiza que el mundo conserve opciones genéticas capaces de alimentar a la humanidad en tiempos difíciles. La presencia de estas papas en las ferias y mesas es el testimonio vivo de una resistencia que se siembra cada día, demostrando que la verdadera riqueza de un pueblo reside en su capacidad para cuidar las raíces que lo sostienen y asegurar que la vida siga brotando con la misma fuerza que hace siglos.
Gladys
La tecnología, el avance de la sociedad, incluso el desconocimiento de la importancia de lo que nos dejaron nuestros ancestros lleva a las comunidades a situaciones de caos, situaciones que a su vez permiten el surgimiento de proyectos como el cultivo de la chiwila, liderados por personas como Hortensia Chugchilán que es símbolo de amor por su tierra, sus frutos y su comunidad.