Mendoza frena la deserción escolar con inteligencia artificial

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 La IA detecta el riesgo de abandono escolar antes que nadie para activar la red de apoyo humano.

La educación, como la vida, es un camino lleno de momentos inesperados. Para miles de estudiantes en Mendoza, Argentina, esas decisiones los conducían, de manera silenciosa pero constante, hacia la deserción escolar

Durante años, el sistema educativo llegó tarde: cuando el abandono ya se había consumado, cuando la desmotivación, los problemas familiares o la necesidad económica habían ganado la partida. Las escuelas solo podían reaccionar con estadísticas que maquillaban el drama humano, sin poder anticiparse a la marcha de cientos de estudiantes.

Frente a esta crisis educativa que afectaba particularmente el nivel secundario, la provincia decidió buscar una solución que trascendiera los planes pedagógicos tradicionales. La respuesta no llegó de un nuevo manual, sino de un código: el Sistema de Alerta Temprana (SAT)

Este no es un simple software, sino un algoritmo predictivo de Inteligencia Artificial desarrollado específicamente para analizar la compleja realidad de cada alumno. El SAT procesa variables sensibles —asistencia, notas, entorno socioeconómico, incluso el rendimiento en materias específicas— y asigna un nivel de riesgo. Así, la tecnología se convirtió en un aliado de la educación para evitar el abandono escolar y profundizar una grieta social.

La gran innovación del SAT radica en su capacidad para ofrecer una mirada preventiva. Antes, un docente notaba la ausencia del estudiante cuando ya era habitual; ahora, el sistema lanza una alerta antes de que esa ausencia se vuelva definitiva. Esto transforma el rol del equipo directivo y docente. Ya no tienen que buscar la aguja en el pajar; el algoritmo les señala dónde enfocar su energía. Esta precisión permite que la intervención sea quirúrgica y oportuna, llegando al corazón del problema mucho antes de que el joven decida no volver. 

Pero el éxito de este proyecto mendocino tiene una profunda base humana. La IA es solo el mensajero; los verdaderos héroes son los equipos de las escuelas de Mendoza. Una vez que el SAT Mendoza emite una alerta de riesgo, se activa una red de contención. Los directores y tutores no solo llaman a la casa, sino que diseñan planes personalizados que pueden incluir desde becas de transporte, hasta acompañamiento psicológico o refuerzos académicos. La tecnología no reemplaza la empatía, sino que la dirige eficazmente hacia quien más la necesita.

El impacto de esta estrategia es cuantificable y, sobre todo, humano. Desde su implementación, el SAT ha logrado retener a más de 4.200 estudiantes que estaban en la cuerda floja, transformando trayectorias que parecían destinadas al fracaso escolar. Un alumno retenido no es solo una estadística; es una vida a la que se le devuelve una oportunidad educativa, un futuro distinto para una comunidad. Mendoza demuestra que la inversión en datos y políticas públicas es, en esencia, una profunda inversión en equidad social.

El caso de Mendoza se ha convertido en una referencia de cómo la Inteligencia Artificial puede aplicarse de manera ética y efectiva para resolver problemas públicos complejos en América Latina. Lejos de ser un experimento frío, el SAT es una prueba palpable de que la tecnología y la calidez humana pueden converger para proteger el derecho fundamental a la educación, dándole a miles de jóvenes no solo un lugar en el aula, sino también la esperanza de un futuro prometedor.

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