Las parteras ancestrales están reviviendo un legado y salvando vidas.

En algunas zonas rurales de Ecuador, acceder a los servicios de salud se ha convertido en todo un desafío. Aunque recorran grandes distancias, algunos ciudadanos, especialmente mujeres no logran recibir servicios médicos o concurrir a un hospital.
Esta situación se agrava en el caso de mujeres embarazadas, muchas de las cuales incluso son víctimas de violencia de género, por lo que ante la falta de respuestas del Estado, se está recuperando un saber milenario: la partería ancestral.
Esta práctica que ha sido transmitida de generación en generación, se ha convertido para muchas mujeres, en la única posibilidad de recibir atención médica durante el estado de gestación.
En las zonas rurales, cinco de cada 10 (54,8%) han sufrido violencia ginecobstétrica, según señala la Encuesta de violencia contra la Mujer 2019 del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC)
De esta manera, cuando las barreras geográficas y las diferencias culturales dificultan el acceso a los centros de salud, el apoyo práctico y espiritual de las parteras puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Pero además de recibir vidas y, en muchos casos salvarlas, las matronas acompañan permanentemente a la madre y al bebé en un ritual en el que predomina el respeto, la escucha y la confianza.
Entre rituales que incluyen masajes, rezos, plantas medicinales, conocer y escuchar el cuerpo; las parteras establecen una conexión con la madre y la criatura que está por nacer para garantizar que cada vida esté sana y salva.
Su trabajo es una mezcla entre la sabiduría y saber ancestral y la medicina occidental. Además, para prevenir riesgo, incluso muertes, las parteras se han capacitado y preparado para fortalecer sus conocimientos y saber atender cualquier emergencia que se presente.
Desde el 2021, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se ha trabajado con más de mil parteras para proporcionarles conocimientos que les ayuden a identificar señales de riesgo con el fin de prevenir muertes maternas y neonatales.
Gracias a este tipo de prácticas, no solo se salvan vidas, también se promueve el respeto por la diversidad cultural. Por eso, para fortalecer su labor, las parteras piden el reconocimiento institucional, pues guardan una sabiduría viva que debemos preservar.
La medicina ancestral que practican forma parte de la memoria viva de los pueblos del Ecuador, por eso son consideradas como sanadoras, guías espirituales y protectoras de la selva.
Mediante la reivindicación de su rol, además defienden la sabiduría ancestral, pues en su cosmovisión, el parto no es solo un hecho biológico, sino un momento sagrado que requiere armonía entre la madre, el bebé y el entorno. Así, las parteras actúan como mediadoras entre lo visible y lo invisible, el pasado y el futuro.
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