Aves y café: sembrando café, cultivando vida

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Provita ONG demuestra cómo el café sostenible puede crear refugios para especies y ecosistemas y mejorar comunidades.

Al norte de Venezuela, de este a oeste, se extiende la cordillera de la Costa. Una cadena de montañas que se levanta sobre el mar Caribe funcionando como barrera natural. Este territorio rico en especies endémicas ha servido de autopista y refugio para las aves migratorias y residentes, y fue durante décadas, un laboratorio de aire fresco y tierra fértil para el café.

Venezuela llegó a ser uno de los principales exportadores de café suave del mundo. Las fincas producían granos delicados y aromáticos con sabores únicos, consolidando una tradición cafetalera  que se extendió por años y se convirtió en motor económico y cultural del país. Más de 400 mil hectáreas se cultivaban en zonas altas, donde nacen los ríos y se tejen los bosques, y donde la vida rural se organizaba en torno al café. Allí, cada semilla, cada cosecha, cada árbol contaba una historia que era transmitida de generación en generación.

Pero el país cambió su rumbo. Con la bonanza petrolera la agricultura quedó relegada y muchas fincas fueron abandonadas.  El cafetal de sombra —ese que crece bajo árboles nativos y funciona como refugio para cientos de especies—  comenzó a desaparecer. Los bosques se fragmentaron y las aves perdieron parte de su hábitat. Lo que antes era paisaje productivo y biodiverso se convirtió en tierras de hortalizas o en espacios olvidados, y con ello, se perdió un sistema que conectaba economía, cultura, naturaleza y tradición.

Pero Provita ONG decidió rescatar ese paisaje olvidado. Desde el 2017 y con el apoyo de otras instituciones, la organización decidió plantear una estrategia integral: recuperar la tradición cafetalera mediante agricultura orgánica y sostenible, mientras se protegía el hábitat de las aves y se generaban medios de vida duraderos para las comunidades locales. No se trataba de volver atrás, sino de reaprender a habitar un territorio que todavía estaba lleno de vida.

Luis Arreita, líder técnico del proyecto, explica que esta iniciativa va más allá de mejorar la calidad del café y la vida de los caficultores: busca restaurar ecosistemas, reforestar con especies nativas y mantener la conectividad de los bosques, un hilo vital para la supervivencia de cientos de aves, tanto residentes como migratorias. 

En los cafetales de sombra, el café deja de ser solo un cultivo y se transforma en un ecosistema vivo. Los árboles nativos que lo cubren conservan la humedad, protegen los manantiales y enlazan fragmentos de bosque. Entre sus ramas, el aire vibra con el canto de las aves que encuentran alimento, descanso y rutas seguras para sus viajes. Cada hoja y cada copa son parte de un entramado que sostiene la vida, donde el café crece abrazado por la naturaleza misma.

El programa tomó al cardenalito —una de las especies más amenazadas del país— como emblema. No para aislarlo, sino para proteger, a través de él, un hábitat entero. Porque cuando un ave regresa, no vuelve sola: trae consigo la promesa de que el bosque todavía puede sostener vida.

Al principio no fue fácil. Convencer a los productores de regresar al café implicaba enfrentarse a treinta años de desconfianza. No al cultivo, sino al precio; al recuerdo de que, años atrás, el esfuerzo pareció insuficiente, por lo que volver a sembrar era una apuesta a un futuro incierto.

Pero Provita estaba dispuesta a correr ese riesgo, no con promesas sino con compromiso, estudio, acompañamiento, visitas técnicas y estrategias concretas; pero sobre todo con la certeza de que un café de calidad y certificado, podía abrir mercados y cambiar realidades.

Así, poco a poco los agricultores volvieron a sembrar café en sus tierras, a recuperar ese legado que durante décadas se había transmitido en sus familias. Aprendieron a fertilizar sin químicos, a proteger los árboles nativos, a respetar los corredores de bosque que sirven de refugio para cientos de especies y a reencontrarse con esa parte de su historia y riqueza agrícola.

A través de este proyecto, Provita no solo ha logrado generar medios de vida sostenibles para preservar la naturaleza, sino revertir la deforestación en algunas áreas, donde la pérdida de bosque había llegado hasta un 20 % y hoy es prácticamente invisible. Ahora, los caficultores son guardianes de sus territorios y de un ecosistema con una biodiversidad única.

Como consecuencia del esfuerzo, el trabajo y la dedicación de los caficultores y la ONG, el proyecto logró la cocreación de organizaciones locales de agricultores encargadas de garantizar que el programa perdure. Además, alcanzaron la primera certificación orgánica colectiva para el café, un producto que no solo cumple con estándares orgánicos, sino que también es amigable con las aves. Gracias a esto, pueden comercializarlo en países de Europa y Estados Unidos, obteniendo un mejor precio que mejora la economía y la calidad de vida de los productores y, que al mismo tiempo, contribuye a la conservación del hábitat de estas especies.

Foto cortesía: Provita ONG

El proyecto también les enseñó a promover el trabajo colectivo, la cooperación y a fomentar la preservación de especies clave que sirven de indicadores del estado de salud del territorio;  pues no solo se mejoró un problema de productividad, sino la relación de la comunidad con los recursos naturales, en una zona con un alto valor ecosistémico y donde además se albergan cerca de dos tercios de la población de aves del país.

Los resultados son visibles. Se han registrado 341 especies de aves, de las cuales 31 son migratorias. Los bosques de sombra y los cafetales orgánicos funcionan como refugios seguros, conectando ecosistemas fragmentados y fortaleciendo la resiliencia frente a la deforestación y el cambio climático. 

El proyecto pasó de 15 productores a más de 250 beneficiados, quienes han logrado recuperar 1.000 hectáreas plantando más de 250.000 cafetos, 60.000 aguacates y otros frutales; y se ha convertido en inspiración y referencia para otros programas de conservación en el país, tejiendo redes de cuidado ambiental a nivel nacional y regional.

Foto cortesía: Provita ONG

Con el tiempo, los productores comprendieron que volver a sembrar café no era solo una forma de generar ingresos, sino que hacerlo de manera responsable, sostenible y respetando los recursos naturales, mantenía viva la tierra y preserva el futuro de su territorio y el planeta.

El programa ahora mira hacia adelante y planea extender la agricultura orgánica a más productores, aprovechar la biodiversidad de los cultivos incorporando productos como el cambur y el aguacate, y expandirse por la cordillera de la Costa conectando bosques y corredores que sostienen la vida silvestre.  Cada árbol cuidado, cada parcela recuperada, es un acto de protección que fortalece la tierra y construye hábitats seguros. 

Pero para que este esfuerzo se multiplique, es esencial que los consumidores comprendan el valor de cada taza de café: que detrás de ella está la tierra viva, los frutos de un trabajo responsable y la promesa de comunidades y bosques que continúan creciendo. Solo así este proyecto deja de ser un acto aislado y se convierte en una red de vida que transforma territorios, especies y a quienes los habitan.

4 comentarios

  1. Gladys

    Cuando prevalece el bien común por sobre intereses particulares se logra el crecimiento de las comunidades fortalecidas y unidas para bien de todos sus integrantes y a su vez repercuten en la recuperación de los ecosistemas.
    Gracias a Provita ONG y a Luis Arrieta por su constancia y persistencia en la labor de educación y concientización sobre la importancia y los resultados del trabajo en equipo por el cuidado de los ecosistemas, el crecimiento y el progreso de todas las comunidades.
    Gracias a revistaImpacto por divulgar estos proyectos de alto IMPACTO en Latinoamérica, proyectos que además del beneficio logrado para las comunidades donde se desarrollan nos muestran que pueden ser aplicados en cualquier rincón del continente.
    Felicitaciones.

  2. Benjamín Zapata Balanta

    Excelente programa de Provita, Aves y Café que fomenta la caficultura orgánica amigable con el ambiente y con el propósito de la recuperación del cultivo de café en nuestras zonas montañosas.

  3. Carlos Ortiz

    ❤️👏🏾👏🏾👏🏾
    En nombre de la Escuela Campesina Agroecológica La Mucuy, le hacemos llegar un fraternal saludo y nuestras más sinceras felicitaciones al *Ing. Luis Ricardo Arrieta, líder técnico del proyecto Aves y Café, y a todo el equipo de PROVITA ONG*, por su loable labor en la promoción de una caficultura orgánica y de sombra que protege la biodiversidad, fortalece a las comunidades rurales y demuestra que es posible armonizar producción, aves y bosque en nuestros territorios.
    Reciban nuestro agradecimiento por este ejemplo de compromiso socioambiental que inspira y orienta procesos formativos y organizativos como los que impulsamos desde Mérida.
    *Los estamos esperando pronto por aqui*.

    Lcdo. Carlos Ortiz
    Coordinador General
    Escuela Campesina Agroecológica La Mucuy Mérida Venezuela

  4. Carmen Cecilia Martinez

    Para nosotros, aquí en @amarantacasadecolibri ha Sido un logro, combinar la siembra de café de sombra,con la idea de conservar nuestro bosque. Además la conservación y respeto al Guaritoto o Pringamosa, planta donde se alimentan muchas aves, entre ellos el Cardenalito en época de producción de frutos

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