Petropelo: cuando un corte de cabello puede limpiar un río

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Una solución inesperada frente a uno de los problemas más invisibles: la contaminación del agua.

Foto: Matter of Trust.

Durante décadas, en muchos lugares de Latinoamérica el agua fue parte natural de la vida cotidiana. Los ríos eran espacios de encuentro, de juego, de sustento. Allí se bañaban los niños, se regaban los cultivos y, en algunos casos, incluso se bebía directamente de su cauce. Pero en silencio, casi sin que las comunidades lo notaran al principio, ese vínculo comenzó a deteriorarse.

Hoy, en numerosos territorios, esas mismas aguas ya no pueden tocarse ni consumirse sin tratamiento. La contaminación se ha vuelto parte del paisaje.

Mattia Carenini, gerente general de Matter of Trust Latam, explica que el problema tiene muchas capas. Por un lado, los sistemas de tratamiento de agua en muchos países aún no alcanzan los niveles necesarios para enfrentar la magnitud de la contaminación. Por el otro, existen acciones individuales que, aunque parezcan menores, pueden desencadenar consecuencias enormes.

Foto: Matter of Trust.

A veces basta un gesto cotidiano. En la quinta región de Chile, por ejemplo, un pequeño derrame se produjo cuando alguien arrojó aceite de motor en una alcantarilla. Un acto aislado, casi invisible, pero capaz de alterar todo un sistema hídrico cercano.

Cuando los hidrocarburos llegan al agua, especialmente los aceites minerales, generan una película en la superficie que bloquea el intercambio de oxígeno entre el agua y la atmósfera. Debajo de esa capa comienza a deteriorarse la vida acuática: peces, plantas y microorganismos quedan atrapados en un entorno donde el oxígeno deja de circular.

Las cifras ayudan a dimensionarlo. Un solo litro de aceite mineral puede contaminar hasta 150.000 litros de agua. Pero los hidrocarburos no son el único problema. En muchos cuerpos de agua también aparecen metales pesados provenientes de actividades industriales, de la minería o incluso de la extracción de agua de pozos profundos. Estos contaminantes entran a la cadena trófica y se bioacumulan lentamente: primero en algas, luego en peces y finalmente en las personas que los consumen.

Foto: Matter of Trust.

A esto se suma otro indicador frecuente en ríos y humedales de la región: los coliformes fecales. En muchos casos provienen de descargas de aguas residuales que terminan desembocando directamente en esteros o humedales cercanos a zonas urbanas.

El resultado es un problema complejo, donde se mezclan fallas estructurales, actividades industriales y decisiones cotidianas. Y también una consecuencia evidente: hay ríos donde hace décadas las comunidades se bañaban y que hoy resultan peligrosos. Aguas que antes podían beberse y que ahora representan un riesgo para la salud. Frente a esta realidad, una idea inesperada comenzó a abrir un nuevo camino.

El origen del proyecto Petropelo se remonta a finales del siglo pasado, cuando un peluquero descubrió algo sorprendente en el cabello humano: su extraordinaria capacidad de absorber hidrocarburos. Durante años esa propiedad permaneció protegida por una patente, hasta que en 1998 Lisa Gautier, fundadora de la organización ambiental Matter of Trust, logró convencer al estilista de liberarla para que pudiera ser utilizada por comunidades de todo el mundo.

Foto: Matter of Trust.

La lógica era sencilla: si el cabello absorbe aceites de forma natural, ¿por qué no usarlo para limpiar el agua? A partir de esa idea surgió Petropelo, una línea de absorbentes elaborados con cabello reciclado. El sistema adopta distintas formas —mangas, planchas o tubos— que pueden colocarse directamente en el agua para capturar contaminantes. Su eficacia se debe a la estructura microscópica del cabello: sus fibras de queratina y sus escamas naturales generan una superficie capaz de atrapar moléculas de hidrocarburos y otras sustancias contaminantes.

Gracias a estas propiedades, el cabello puede absorber entre tres y cuatro veces su propio peso en aceites, combustibles y otros compuestos que pueden permanecer en el agua durante décadas.

Aunque esta tecnología ya existía en Estados Unidos, durante años no había llegado a Latinoamérica. Eso cambió en 2019, cuando se creó Matter of Trust Chile para comenzar a implementar el sistema en la región. Desde entonces el proyecto ha crecido y hoy forma parte de una red internacional que reúne más de 130 organizaciones en 54 países.

Foto: Matter of Trust.

En Latinoamérica, la iniciativa opera desde México y Chile, pero ya cuenta con aliados en Argentina, Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador, mientras se preparan nuevos proyectos en Brasil y en zonas costeras del Pacífico.

Y aunque parece una tecnología compleja, todo comienza con algo tan cotidiano como un corte de cabello. La organización recolecta pelo de dos formas: a través de personas que deciden donarlo o mediante peluquerías aliadas que reciben capacitación para separarlo y almacenarlo correctamente. Ese cabello, que normalmente terminaría en la basura, se transforma luego en los absorbentes que se utilizan para limpiar ríos, humedales y zonas afectadas por derrames.

Según estimaciones del proyecto, un solo corte de cabello puede ayudar a limpiar más de 20 litros de agua contaminada. Pero el impacto del proyecto no se limita a la limpieza de los ecosistemas. A partir del mismo material también desarrollaron productos para la agricultura, como acolchados y fertilizantes orgánicos que ayudan a retener humedad en el suelo. En zonas afectadas por la sequía, estos sistemas pueden reducir hasta la mitad el consumo de agua de riego y mejorar la fertilidad de la tierra gracias al aporte de carbono, nitrógeno y materia orgánica.

Foto: Matter of Trust.

La organización busca especialmente que estas tecnologías lleguen a pequeños agricultores que no podrían adquirirlas por su cuenta, por lo que gestiona fondos para entregarlas de manera gratuita en comunidades rurales. En muchos casos, las principales beneficiarias son mujeres productoras que enfrentan mayores barreras para acceder a nuevas herramientas y generar ingresos en contextos de escasez hídrica.

Con el tiempo, alrededor de estos proyectos también empiezan a formarse nuevas comunidades. Agricultores que comparten semillas y experiencias. Vecinos que aprenden a monitorear la calidad del agua. Personas que descubren que un residuo cotidiano puede convertirse en una herramienta de restauración ambiental.

Para Mattia Carenini, ahí aparece una de las lecciones más importantes del proyecto. Trabajan con cabello, explica, pero en la basura existen miles de materiales que podrían tener una segunda vida. Con suficiente creatividad, casi cualquier residuo puede transformarse en una solución.

Por eso la invitación que hacen desde Matter of Trust es tan simple como provocadora: abrir el basurero y preguntarse qué podría hacerse con lo que hay dentro.

Porque a veces la respuesta no está en tecnologías complejas ni en soluciones lejanas. A veces comienza con algo tan cotidiano como un corte de pelo. Y con la idea de que incluso los residuos más insignificantes pueden convertirse en aliados para limpiar el agua, recuperar ecosistemas y mejorar la vida de quienes dependen de ellos.

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4 comentarios

  1. Dora Maria Toledo

    Es una información muy valiosa estos
    Artículos nos nutre y nos da conocimientos.
    Son cosas que no le prestamos atención a veces y realmente son muy importantes

  2. Lu

    muy interesante.
    Sí todos donaramos nuestro cabello contando con la colaboración de las peluquerías sería un gran avance para este proyecto.

  3. CARLOS ALBERTO ECHEVERRI CORRALES

    Excelente artículo, interesante conocer como elementos que van al bote de la basura, puedan reciclarse y servir para proyectos tan importantes, como lograr la limpieza de aguas contaminadas por aceites o hidrocarburos y que pueda lograrse con cabellos de los cuales ignoraba que tenían unas propiedades tan interesantes y beneficiosas para nuestro ecosistema, concretamente para nuestra riqueza HIDRICA UNIVERSAL , como elemento vital para todos los seres humanos … Que maravilla estos proyectos tan necesarios para la conservación de nuestro eco sistema …

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