Pietà, la moda que nació detrás de las rejas

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Un proyecto que comenzó dentro de cárceles peruanas demuestra cómo el trabajo textil puede convertirse en una herramienta  de reinserción social.

Thomas Jacob, diseñador francés, llegó a Perú casi por casualidad. Había viajado para realizar sus prácticas profesionales sin imaginar que ese trayecto no solo cambiaría su vida, sino también la de cientos de personas privadas de libertad.

Todo comenzó con una invitación aparentemente menor. Una amiga que dictaba clases de francés en cárceles lo animó a asistir a una visita al penal de San Pedro, en el marco de una obra de teatro realizada por internos. Aquella función se convirtió en un punto de quiebre. Entre las rejas, Thomas no solo vio una puesta en escena: descubrió habilidades ocultas. Muchos de los presos sabían tejer, estampaban telas, trabajaban la serigrafía. Tenían destreza, pero no tenían trabajo.

De esa constatación nació una idea: ¿y si esas habilidades podían convertirse en una oportunidad real? Así empezó a gestarse lo que en 2011 se transformaría en Pietà. El nombre no fue elegido al azar. En italiano, Pietà significa piedad, pero también remite a una de las escenas más simbólicas del arte bíblico: la Virgen María sosteniendo a su hijo muerto. Para Thomas, esa imagen condensaba lo que percibía en las cárceles: una forma de dignidad en medio del encierro. Pero también otra lectura posible: la etapa final antes de la resurrección, el inicio de un renacer.

El proyecto no avanzó de inmediato. Entre la idea y su materialización hubo un proceso lento, de ensayo y error. Durante aproximadamente un año realizaron pruebas, muestras, desarrollos y capacitaciones. Thomas no contaba con los conocimientos técnicos necesarios para organizar la producción textil en ese contexto, por lo que fue necesario formar a los internos y adaptar los procesos. En paralelo, se incorporaron máquinas y herramientas para hacer posible el trabajo.

En sus primeros años, la iniciativa también enfrentó limitaciones económicas y estructurales. Recién en 2016, tras una captación de fondos, el proyecto logró potenciarse y consolidar su crecimiento.

El concepto de Pietà no solo se expresa en su nombre. Su identidad visual también tiene una carga simbólica precisa. El logo está compuesto por cuatro líneas verticales y una horizontal, evocando las marcas de conteo que los presos realizan para registrar los días de encierro en sus celdas. El slogan, Handmade by inmates (Hecho a mano por reclusos), deja explícito desde el inicio el corazón del proyecto: la producción realizada por personas privadas de libertad.

La idea central que impulsa la marca es clara: detrás de las rejas existe talento, disciplina y deseo de salir adelante. El tiempo de condena, entonces, puede transformarse en trabajo digno, formativo y remunerado.

Thomas percibió en los internos no solo habilidades técnicas, sino también una fuerte voluntad de trabajar y ocupar el tiempo en algo útil mientras cumplían su condena. Esa disposición, sumada a la falta de propuestas similares en ese momento —cuando aún no abundaban iniciativas de moda con enfoque sostenible y social—, abrió un campo de posibilidad. Pietà surgía como una apuesta distinta: productos con historia, construidos desde la experiencia de quienes los fabricaban.

Con el tiempo, el proyecto fue creciendo. Pasó de talleres experimentales a una estructura más organizada. Se conformó un equipo central de internos con mayor experiencia, quienes luego lideraban sus propios grupos de trabajo. La dinámica se basaba en la confianza, como si ellos mismos fueran los responsables de los talleres.

La expansión del proyecto atravesó distintos centros penitenciarios del Perú. Comenzó en el penal San Pedro, en el centro de Lima. Luego se incorporaron mujeres en el penal de Santa Mónica y en Chorrillos, donde el trabajo se enfocó principalmente en tejido y bordado a mano. Más adelante, el proyecto llegó al penal de Lurigancho, el más grande del país, con más de 10 mil internos, lo que amplió significativamente el alcance y las posibilidades de participación.

En total, más de 1000 reclusos han pasado por los talleres de Pietà, aunque actualmente el equipo de trabajo se mantiene entre 40 y 60 personas activas, según la temporada.

La marca desarrolla prendas como camisetas, gorras, sacos, chaquetas, bolsos y billeteras. Todo se produce en talleres de confección, tejido, serigrafía, zapatería y marroquinería instalados dentro de los penales. Cada pieza es única, de producción limitada, y lleva la firma del artesano que la realizó, reforzando la identidad individual detrás de cada trabajo.

Los materiales utilizados también forman parte del enfoque del proyecto. Pietà trabaja con insumos peruanos de alta calidad, como fibra de alpaca, algodón pima, algodón tangüis, jersey y franela, integrando la producción local a una propuesta de diseño con proyección internacional.

El funcionamiento del proyecto está formalizado bajo las normativas del Instituto Nacional Penitenciario (INPE). Los internos reciben un pago por porcentaje de cada prenda producida, lo que les permite generar ingresos dentro del penal. Con ese dinero pueden cubrir necesidades básicas o enviar apoyo económico a sus familias. Además, las horas de trabajo acumuladas en los talleres pueden contribuir a la reducción de sus condenas.

El impacto del proyecto no se limita al tiempo de reclusión. Al salir en libertad, muchos internos adquieren un oficio técnico en áreas como corte, confección o serigrafía industrial. Algunos continúan trabajando para Pietà fuera de prisión, mientras que otros reciben cartas de recomendación para integrarse a empresas textiles del país, facilitando su reinserción laboral.

A lo largo de los años, el proyecto también ha tenido una proyección internacional. Thomas buscó desde el inicio posicionarlo en mercados de Europa y Estados Unidos, tocando puertas, contactando periodistas y generando visibilidad. Con el tiempo, lograron abrir tiendas propias, consolidando su presencia en el mercado.

El crecimiento de Pietà no estuvo exento de dificultades. Thomas reconoce que el camino fue complejo, especialmente en los primeros años, cuando no había capital suficiente y muchas tareas debían resolverse de manera artesanal, con apoyo de los propios internos.

Sin embargo, el impacto humano del proyecto se volvió evidente. Aunque no todos los casos terminan en transformación —algunos internos incluso reinciden y regresan al penal—, otros encuentran una oportunidad real de cambio. Para Thomas, incluso si solo una persona logra transformar su vida, el proceso ya tiene sentido.

Más allá de lo económico o productivo, el proyecto también trabaja sobre la dimensión simbólica. Muchos internos, al ver sus prendas en tiendas reconocidas o en el extranjero, experimentan un fuerte sentido de orgullo, identidad y propósito. Se sienten nuevamente útiles, capaces de aportar algo a sus familias y a la sociedad.

Con el paso del tiempo, Thomas Jacob también se transformó. El proyecto que nació casi por intuición terminó redefiniendo su mirada profesional y personal. Hoy, aunque reconoce las dificultades del camino, sostiene el orgullo de haber construido algo que trasciende la moda.

Pietà continúa expandiéndose, con el objetivo de seguir abriendo oportunidades para personas privadas de libertad, fortalecer procesos de resocialización y formación profesional en el sector creativo y textil. Una propuesta que, desde las cárceles del Perú, busca demostrar que la moda puede ser también una herramienta de transformación social y que, cuando existen oportunidades reales, es posible hablar de nuevos comienzos y de un cambio más humano.

Porque en el fondo, lo que muestra Pietà no es solo una marca ni un modelo de producción, sino una pregunta abierta sobre qué se hace con el tiempo perdido, con los cuerpos encerrados y con las segundas oportunidades. Allí donde el sistema suele ver únicamente condena, el proyecto instala trabajo, oficio y dignidad como formas de resistencia cotidiana. Y aunque no borra las fallas del sistema ni garantiza finales distintos para todos, deja en claro algo incómodo y necesario: incluso en los márgenes más rígidos de la sociedad, siempre existe la posibilidad de volver a empezar.

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2 comentarios

  1. Hector Moreno

    Excelente proyecto. Algo similar a lo que lleva a cabo Johana Bahamon, en las cárceles de mujeres en Colombia.

  2. CARLOS ALBERTO ECHEVERRI CORRALES

    Felicitaciones a la empresa PIETA, gestada por un diseñador de moda francés, que logra conocer las aptitudes de personas privadas de la libertad en centros de reclusión peruanas para la confección de prendas de vestir, y lo más interesante, con materia prima peruana. Esta gran idea beneficia a los condenados , porque logran con su trabajo el reconocimiento de rebajas de penas, aprenden un arte que pueden ser fuente de sustento fuera de los penales y esto es importante para su resocialización como uno de los fines fundamentales de las penas.. Esta clase de emprendimientos son muy importantes, se crea una empresa que es fuente de trabajo para los condenados, aprenden un arte para su futuro, rebajan sus penas, y resocialización. Todos salen ganando , incluyendo la empresa franco peruana.

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