Ganamar: la iniciativa que busca restaurar la conexión con el mar y las comunidades chilenas 

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A través de deportes náuticos y educación, la organización derriba barreras económicas para crear una cultura de respeto y cuidado del océano.

Foto: Ganamar

Gonzalo Lazo creció mirando la bahía de Valparaíso desde su ventana y preguntándose por qué nadie estaba en el agua. Aunque había nacido en Santiago, el traslado de su familia a la costa durante su infancia lo enfrentó a una paradoja evidente: una comunidad rodeada por el océano, pero completamente de espaldas a él. Cuando descubrió la vela y los deportes náuticos, entendió de inmediato que no se trataba de un desinterés espontáneo, sino de una barrera económica que dejaba a la mayoría sin la posibilidad de navegar. 

Esa certeza lo acompañó durante los años en los que sirvió como rescatista en el Bote Salvavidas, una labor heredada de la vocación de su abuelo. Sacar personas del agua le enseñó que la verdadera prevención no empezaba en el rescate, sino en la educación, en enseñar a la población a relacionarse de forma segura y cercana con el mar. De esa inquietud germinó la idea de crear una cultura marítima accesible para todos, un sueño que comenzó a tomar forma en 2015 y que se consolidó en 2020 con la apertura del centro náutico Ganamar en la playa San Mateo.

La desconexión chilena con el mar responde a factores económicos y también a una falta de educación al respecto. En los programas educativos del país, las palabras “océano” o “mar” ni siquiera figuran. A los niños no se les habla del ecosistema marino en la infancia y, al llegar a la primaria, la geografía se enseña obviando la franja costera que define la identidad del territorio. A esto se suma que la única política pública de cultura oceánica impulsada en el país jamás recibió asignación de recursos, quedando reducida a una intención en el papel. 

Ante este vacío, Ganamar convirtió el deporte en una herramienta de entrada para integrar a la comunidad con el océano. En coordinación con los planes escolares, la organización abrió talleres náuticos gratuitos de Stand Up Paddle (SUP), nado en aguas abiertas, kayak, vela y snorkeling, dirigidos especialmente a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad.

El trabajo se extendió también hacia la orilla. Quienes no ingresan al agua participan en dinámicas pedagógicas a través del “Kit de Cultura Oceánica”, un método que combina actividades artísticas y charlas sobre biodiversidad para construir conciencia ambiental sin necesidad de embarcarse. A esto se suman las jornadas periódicas de limpieza de playas y encuentros comunitarios que buscan sembrar una relación de cuidado permanente con el entorno. 

Foto: Ganamar

Convencido de que el talento no depende de los recursos económicos, Gonzalo impulsó la creación del Team Ganamar, un equipo de jóvenes surgidos de estos programas sociales que hoy entrenan para la alta competencia. El proyecto ya rinde frutos: 11 deportistas del equipo clasificaron para representar a Chile en el mundial de Stand Up Paddle que se disputa en Italia este mes de noviembre, demostrando que el acceso a una disciplina puede cambiar de raíz el proyecto de vida de un joven.

El camino, sin embargo, ha exigido superar momentos críticos. A mitad de este año, un fuerte temporal azotó la costa de Valparaíso y destruyó gran parte de las instalaciones de la escuela en la playa San Mateo. Para levantarse de las pérdidas, la organización lanzó una campaña de recuperación que ha movilizado a empresas, instituciones públicas y particulares, quienes aportan recursos para reparar la infraestructura y permitir que los talleres no se detengan. El impacto de esta labor ya trasciende el centro náutico: las comunidades locales han comenzado a mirar el mar con pertenencia y resguardo, e incluso han surgido nuevas organizaciones inspiradas en este modelo para promover el vínculo con el agua desde distintas perspectivas.

Foto: Ganamar

Frente a este avance, Gonzalo sostiene que la transformación debe ser colectiva. Su llamado apela a que los gobiernos diseñen políticas que faciliten el acceso real de la ciudadanía a la costa, que las actividades económicas respeten los ecosistemas marinos y que las personas busquen espacios para vivir el océano de cerca. Con la meta de escalar esta propuesta hacia otras ciudades de Chile y Latinoamérica, Ganamar continúa trabajando para que el mar deje de ser una frontera lejana y se convierta en un espacio de integración, aprendizaje y desarrollo para las futuras generaciones.

Más allá de la enseñanza técnica o la competencia deportiva, la labor de Ganamar demuestra que democratizar el acceso al océano es el primer paso para reconstruir el vínculo entre las comunidades y su entorno natural. Al transformar la barrera económica en un puente de aprendizaje y empatía, la organización demuestra que cuando la sociedad aprende a mirar el mar con respeto y pertenencia, el cuidado del planeta deja de ser una obligación teórica para convertirse en un compromiso colectivo asumido desde el afecto y la vivencia cotidiana.

Al final, democratizar el mar es mucho más que enseñar a navegar: es devolverle a toda una comunidad el derecho a habitar, disfrutar y cuidar el entorno que la rodea, pues cuando se derriban las barreras económicas y se abren las puertas de la educación, el océano deja de ser un privilegio ajeno para convertirse en un espacio de pertenencia, donde cada persona —sin importar su origen— encuentra la oportunidad de transformar su vida y asumir el compromiso colectivo de proteger nuestro planeta. 

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