Desde Maicao, Lucy Mercado lidera una iniciativa que empodera a mujeres y jóvenes migrantes e indígenas wayuú a través de la educación, la independencia económica y el acompañamiento comunitario para romper ciclos de maltrato.

En Maicao, una mujer nacida en las entrañas de La Guajira decidió romper la inercia del silencio. Sabía, por experiencia propia y por el dolor cotidiano de su entorno, que la violencia de género, el abandono estatal y la falta de oportunidades no podían seguir siendo el destino inevitable de las mujeres, niños y jóvenes de su tierra. Lucy Mercado no aceptó la resignación; en su lugar, transformó el arraigo en acción social y el desamparo en una red viva de protección.
La chispa germinó tras cursar una especialización en desarrollo de la infancia y la adolescencia. En ese espacio de formación, Lucy comprendió que la transformación social requería herramientas técnicas y un trabajo directo en el territorio. Al observar la realidad de Maicao, identificó con claridad a las poblaciones más expuestas a la vulnerabilidad y al olvido: las comunidades indígenas Wayuú y los migrantes venezolanos. Con esa certeza, comenzó a organizar capacitaciones y espacios de encuentro para abordar temas invisibilizados en la zona, tales como la educación sexual y reproductiva, la prevención de la violencia de género y la restitución de la dignidad femenina.
El contexto no era simple. En La Guajira, una de las regiones más deslumbrantes pero históricamente desatendidas por el Estado en Colombia, las carencias estructurales marcan la vida diaria. Las fallas en los servicios básicos obligan a las familias a usar agua salada de pozo, mientras que la inseguridad alimentaria y la precariedad económica asfixian el quehacer cotidiano. En la zona urbana la calidad de vida es sumamente compleja, pero en la zona rural la situación se agudiza. Allí, la mayoría de las mujeres subsiste del tejido y la venta de mochilas tradicionales; sin embargo, al comercializarse a precios ínfimos, este trabajo apenas alcanza para la supervivencia inmediata.

Consciente de que la violencia se transmite como un legado amargo de generación en generación, Lucy buscó alianzas estratégicas para fortalecer su labor. Se integró al programa “Más allá de las banderas somos mujeres”, impulsado por ONU Mujeres en Maicao. De esa experiencia no solo obtuvo formación técnica, sino también el impulso institucional necesario para fundar, en el año 2023, la Fundación Luciérnagas de Colombia.
No se trataba únicamente de prevenir la agresión, sino de entregar a las mujeres las llaves de su propia libertad, principalmente en relación a la independencia financiera, pues es la principal vía para romper el círculo del maltrato y salir de relaciones tóxicas.
Aunque el trayecto ha estado lleno de obstáculos, la convicción de Lucy ha permitido visibilizar una problemática profunda: en muchas comunidades Wayuú, el matrimonio infantil y las uniones tempranas continúan presentes. Sin vulnerar la cultura ni las tradiciones ancestrales, la fundación ingresa a los territorios mediante procesos de sensibilización respetuosos. Su propósito es brindar información sobre salud sexual, bienestar integral y herramientas concretas para que las comunidades identifiquen las distintas formas de agresión y adopten prácticas de autocuidado.

El impacto del trabajo territorial de la fundación se manifiesta en hallazgos reveladores. Durante los talleres, muchas participantes descubren, por primera vez, que la dinámica en la que viven constituye violencia doméstica. Ante esta realidad, la organización no las deja a la deriva: les brinda contención psicológica, acompañamiento humano y un canal seguro de enrutamiento institucional para efectuar las denuncias correspondientes y garantizar su protección y la de sus hijos.
El enfoque de la organización comprende que el maltrato acumulado lleva a veces a que las propias víctimas repliquen esos patrones con sus descendientes. Por ello, la intervención aborda de manera integral a infancias, adolescentes, mujeres y hombres. Se trabaja activamente en la reconstrucción de sus proyectos de vida para que las jóvenes no asuman las labores domésticas como su único horizonte posible, al tiempo que se fomenta el empoderamiento económico, personal y social de las mujeres para devolverles la autonomía sobre sus cuerpos y sus decisiones. Asimismo, la fundación destaca la importancia de sumar a los hombres a esta transformación; por eso se les convoca activamente como aliados estratégicos, brindándoles herramientas para desaprender conductas machistas y frenar la transmisión generacional de la violencia.
El camino no ha estado exento de retos complejos. El principal desafío ha sido acompañar a las mujeres en el proceso de reconocerse como víctimas y perder el temor a denunciar. A esto se suma la dificultad logística y cultural de acceder a los territorios Wayuú más alejados, donde se requiere la autorización directa de las autoridades tradicionales. Sin embargo, la efectividad del trabajo de Luciérnagas ha generado una red de confianza tal que las mismas comunidades recomiendan la labor de la fundación de un territorio a otro.

Actualmente, la organización trabaja en la captación de recursos para asegurar la sostenibilidad de sus proyectos y avanza en la construcción de una escuela taller orientada a capacitar a jóvenes en diversos oficios y habilidades para la vida.
Hoy en día, las transformaciones en Maicao y sus alrededores comienzan a ser palpables. Hay mujeres que han logrado salir de ciclos de maltrato, hogares donde se fomenta una educación libre de violencia y padres comprometidos con el futuro académico de sus hijas e hijos.
El llamado de Lucy Mercado es directo a toda la sociedad: la defensa de los derechos humanos en La Guajira no es una causa aislada, sino una responsabilidad colectiva. Con el apoyo de nuevos aliados y el fortalecimiento de sus programas, Luciérnagas continúa sembrando semillas en el desierto, convencida de que cada joven y cada mujer empoderada es la luz con la que se construye un futuro distinto.
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Julieth Saportas
Dios permita que cambio cultural se siga fomentando para un verdadero resurgir de nuevas generaciones libres y en paz
Gladys Restrepo
Aún en este siglo la violencia de género, el maltrato y el sometimiento a la mujer son normalizadas en todas las clases sociales, haciéndose más marcada en las comunidades muy vulnerables como los Wayuu en la Guajira, una región de Colombia hermosa pero que vive en condiciones precarias por el abandono del estado y la falta de oportunidades.
Lucy Mercado y Luciérnagas de Colombia llevan a cabo una gran labor de concientización y empoderamiento a las mujeres, labor que también incluye a los hombres con el objetivo de romper esas cadenas violentas que se transmiten de generación en generación
Gracias a Luciérnagas de Colombia por su titánica labor.
También gracias a Impacto por mostrarnos las realidades tan visibles que hemos normalizado, y por destacar las organizaciones que se dedican a buscar mejores oportunidades para sus comunidades.
Hector Moreno
Maravillosa labor, fomenta el tema de valores.