La Rotativa: el arte de contarse desde adentro para construir memorias de paz

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En una comunidad surgida tras el Acuerdo de Paz en Colombia, el cine, la fotografía y el arte se han convertido en el lenguaje para preservar la identidad y construir un futuro colectivo.

Foto: La Rotativa.

Las guerras dejan cicatrices visibles. Casas destruidas. Caminos abandonados. Ausencias que se vuelven permanentes. Pero también dejan otras heridas más difíciles de nombrar: las que atraviesan la memoria, la identidad y la forma en que una comunidad se entiende a sí misma.

Cuando el conflicto termina, la pregunta ya no es únicamente cómo reconstruir un territorio. También es cómo reconstruir la historia que ese territorio contará sobre sí mismo.

En la Serranía del Perijá, al norte del departamento del Cesar, esa pregunta comenzó a tomar forma después de la firma del Acuerdo de Paz de 2016 y de la dejación de armas en 2017. Mientras Colombia observaba uno de los momentos políticos más importantes de su historia reciente, en los territorios surgía otra necesidad: documentar lo que estaba ocurriendo desde adentro.

No desde la mirada de los grandes medios, no desde las interpretaciones externas. Desde la voz de quienes estaban viviendo la transformación.

Foto: La Rotativa

Así nació La Rotativa. Al principio, el propósito parecía sencillo. Registrar el proceso de reincorporación de los excombatientes que comenzaban una nueva vida tras décadas de conflicto armado.

Querían documentar la memoria de ese momento histórico y comprender lo que significaba para Colombia, pero especialmente para los territorios que habían vivido la guerra durante generaciones. Querían dejar un registro de cómo una comunidad atravesaba el tránsito entre las armas y la construcción de paz.

También era un proceso de aprendizaje. Ninguno de ellos era experto en producción audiovisual. No eran cineastas ni fotógrafos profesionales. Pero el mismo proceso de paz abrió una posibilidad que antes parecía impensable: aprender a narrarse a sí mismos.

Con cámaras, fotografías y videos comenzaron a registrar su propia historia. Sin embargo, mientras documentaban la reincorporación, descubrieron algo más profundo. La historia que estaba naciendo frente a ellos no era únicamente la de quienes habían dejado las armas. Era la historia de un territorio completamente nuevo.

Foto: La Rotativa

Tierra Grata apareció en el mapa con la firma del acuerdo de paz. No solo surgió como una nueva comunidad dentro del municipio de Manaure. También comenzó a existir dentro del imaginario de un país acostumbrado a relacionar esos territorios con la guerra.

Por primera vez surgía una pregunta distinta ¿quiénes eran culturalmente?

Después de más de cincuenta años de conflicto armado en la región, el desafío ya no era únicamente el desarme. También era construir identidad. Pensar qué elementos unirían a una comunidad conformada por firmantes de paz y habitantes del territorio que intentaban proyectarse hacia el futuro.

Durante los primeros años de reincorporación, gran parte de los esfuerzos estuvieron concentrados en los procesos organizativos, productivos y comunitarios necesarios para garantizar la supervivencia de la comunidad. La cultura quedó en segundo plano.

Foto: La Rotativa

Entonces La Rotativa comenzó a hacerse nuevas preguntas ¿qué legado recibirían los hijos nacidos durante el conflicto o después de la firma del acuerdo? ¿cómo recordarían sus orígenes? ¿qué relatos explicarían quiénes fueron y cómo llegaron hasta allí?

Las respuestas empezaron a surgir a través de conversaciones colectivas, encuentros comunitarios y reflexiones compartidas junto a la Junta de Acción Comunal y otros actores del territorio.

Poco a poco entendieron que el audiovisual podía hacer mucho más que registrar hechos, podía ayudar a construir identidad. Así, La Rotativa dejó de ser únicamente un proyecto de documentación para convertirse en una apuesta cultural que buscaba sentar los cimientos simbólicos de una comunidad que apenas comenzaba a existir.

La fotografía y el cine se transformaron en herramientas para hablar de memoria, territorio, arraigo y futuro. Pero también para abrirse a otras formas artísticas capaces de fortalecer el tejido social y ampliar las narrativas de la comunidad.

Foto: La Rotativa

La elección del lenguaje audiovisual no fue casual. En parte, porque era la herramienta que tenían más cerca. Pero también porque encontraron en la propia historia del conflicto colombiano una relación profunda entre la imagen y la memoria.

Uno de esos referentes fue la figura de Jacobo Prías Alape, conocido como “El Charro Negro”. Líder agrario asesinado el 11 de enero de 1960, su muerte marcó un punto de inflexión en la historia de la violencia colombiana y provocó el regreso a las armas de Manuel Marulanda Vélez, quien posteriormente fundaría las FARC.

Pero existe un detalle que el colectivo considera fundamental. Antes de ser asesinado, Alape recorría pueblos proyectando películas para las comunidades. La noche anterior a su muerte había exhibido El acorazado Potemkin, la emblemática obra de Sergei Eisenstein.

Para La Rotativa, ese episodio demuestra que el cine siempre ha formado parte de una tradición cultural mucho más profunda de lo que suele reconocerse. Y también simboliza una paradoja dolorosa: justo después de aquella proyección, Colombia volvió a entrar en un ciclo de violencia, pese a que durante la década de 1950 se habían firmado acuerdos de paz.

Foto: La Rotativa

Otro referente importante para el colectivo fueron las imágenes del bombardeo a Río Chiquito, en el departamento del Cauca, registradas por el documentalista francés Jean-Pierre Sergent.

Aquellas imágenes demostraban algo esencial: la capacidad del lenguaje audiovisual para construir memoria, disputar relatos y dejar registro de procesos históricos que de otro modo podrían desaparecer.

Por eso decidieron seguir ese camino. Documentar la reincorporación, pero también registrar la construcción cotidiana de una nueva comunidad, porque para ellos el arte nunca ha sido solamente una forma de expresión, es una herramienta de transformación social.

A través de sus producciones comenzaron a construir nuevas narrativas capaces de trascender las fronteras de Tierra Grata y llegar a otros escenarios. Historias que hablan de la guerra, sí, pero también de todo aquello que vino después de ella.

Foto: La Rotativa

Las imágenes empezaron a mostrar algo que rara vez ocupaba espacio en las narrativas tradicionales sobre el conflicto: la humanidad de quienes decidieron dejar las armas para apostarle a la construcción de paz.

Personas que hoy impulsan proyectos productivos, lideran procesos comunitarios y participan en la construcción de una comunidad levantada justamente en territorios donde antes existía la confrontación armada.

Quienes alguna vez caminaron esos caminos como combatientes ahora construyen allí un proyecto colectivo basado en la paz. La propia existencia de Tierra Grata es prueba de ello.

Gracias al trabajo comunitario han logrado gestionar servicios básicos, proyectos de desarrollo y mejoras que no solo benefician a los firmantes, sino también a comunidades vecinas. La llegada del agua, la energía y otras necesidades fundamentales ha sido posible gracias a la organización colectiva.

Foto: La Rotativa

Y documentar ese proceso tiene un valor que va mucho más allá del registro histórico. Permite cuestionar los estigmas que durante décadas definieron la manera en que gran parte del país observó estos territorios. Permite hablar del Acuerdo de Paz desde sus consecuencias concretas. Y permite mostrar el trabajo que miles de firmantes han realizado para construir una vida diferente después de abandonar las armas.

Por eso La Rotativa también apuesta por una dimensión pedagógica. A través de talleres, espacios de creación artística y trabajo con niños y niñas, el colectivo busca fortalecer el tejido social y abrir nuevas posibilidades para las generaciones que crecieron en medio del conflicto o nacieron después de él.

La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿qué memoria se está dejando para el futuro?, ¿cómo hablar de historia, arraigo e identidad sin reproducir los ciclos de violencia?, ¿cómo construir pertenencia a través del arte?

Foto: La Rotativa

Con el paso de los años, La Rotativa siguió transformándose. Hoy está integrada por nueve personas. Entre ellas está Marcos, firmante de paz y fundador del proyecto, pero también hombres y mujeres que nunca pertenecieron a la insurgencia y que encontraron en esta iniciativa una oportunidad para construir comunidad.

Su incorporación fortaleció tanto al colectivo como al propio proceso de reincorporación, porque la paz nunca ha sido responsabilidad exclusiva de quienes firmaron un acuerdo, es una tarea que involucra a toda la sociedad.

De esa convicción surgieron nuevos proyectos: talleres artísticos, semilleros de formación, cine comunitario y diversas actividades culturales pensadas para responder a las necesidades específicas de Tierra Grata.

En una región históricamente invisibilizada, marcada durante años por la estigmatización y catalogada como zona roja, estos espacios representan mucho más que actividades culturales.

Foto: La Rotativa

Son oportunidades para que las comunidades rurales tengan herramientas propias con las cuales contar sus historias y construir patrimonio cultural desde sus propias voces. Porque durante demasiado tiempo otros narraron sus vidas por ellos y esa ha sido una de las batallas más importantes: no solo contar historias, decidir cómo contarlas.

Los habitantes de estos territorios han sido descritos durante décadas por personas ajenas a su realidad. Miradas externas que muchas veces construyeron relatos incompletos o sesgados sobre quiénes eran y qué representaban.

La Rotativa busca cambiar eso. Cada fotografía, cada documental y cada producción audiovisual es también un acto de recuperación simbólica, una forma de posicionar sus propias narrativas; de exaltar las voces de quienes vivieron la guerra y de quienes hoy construyen la paz; de fortalecer el vínculo con el territorio y el legado que intentan dejar a las generaciones futuras porque cada pieza producida no solo comunica una historia también teje identidad, cultura, comunidad.

Foto: La Rotativa

Sin embargo, los desafíos continúan. Más allá de la sostenibilidad económica, uno de los retos más complejos sigue siendo demostrar la importancia que tienen los procesos culturales dentro de la construcción de paz.

Porque si no existen transformaciones culturales capaces de modificar las estructuras profundas que sostuvieron la violencia, difícilmente podrá consolidarse una paz estable y duradera.

Por eso el trabajo de colectivos como La Rotativa resulta fundamental. A través del arte se abren espacios de encuentro, se reconstruyen vínculos y se cierran ciclos de violencia que marcaron durante décadas a las zonas rurales del país.

Se generan diálogos que permiten resignificar la propia vida, se fortalece el derecho a existir desde la identidad, la memoria y la diversidad y se construyen nuevas formas de pertenecer a un territorio.

Foto: La Rotativa

Esa es también la invitación que surge desde Tierra Grata. No que todo Colombia se mire a través del lente de La Rotativa, sino que cada comunidad encuentre su propio lente. Que cada territorio aprenda a narrarse desde sus propias voces, que cada pueblo decida qué quiere contar sobre sí mismo, sobre su historia, sobre sus heridas y sobre sus sueños.

Porque ninguna comunidad es igual a otra. Y precisamente en esas diferencias habita la riqueza de sus relatos.

Mientras tanto, La Rotativa continúa proyectando el futuro. Su objetivo es consolidarse como un referente de memoria, identidad y territorio; construir un gran árbol de la memoria donde las generaciones nacidas durante el conflicto y después del acuerdo encuentren raíces capaces de sostener su futuro.

También preparan una nueva agenda cultural para fortalecer los procesos creativos de la comunidad y ampliar las herramientas disponibles para que más personas puedan contarse como quieran hacerlo.

Foto: La Rotativa

Y en noviembre realizarán un festival de artes gráficas y audiovisuales en la Serranía del Perijá para conmemorar los diez años de la firma del Acuerdo de Paz. Un espacio para reflexionar, desde el arte y la cultura, sobre lo que significó esta década de transformaciones.

Porque la guerra dejó una huella profunda en Colombia, eso nadie lo discute. Pero el futuro nunca ha estado escrito por las heridas. Está escrito por aquello que las comunidades deciden sembrar después de ellas  y que intentan demostrar que, incluso después de medio siglo de guerra, un territorio todavía puede aprender a imaginarse de nuevo. 

Por eso el trabajo de La Rotativa no se limita a registrar una realidad, sino a transformarla. Mientras durante décadas otros narraron la guerra, en Tierra Grata una comunidad decidió tomar la cámara para narrarse desde la paz. Porque la memoria no sirve solo para mirar atrás, sino para construir raíces, identidad y futuro. Y cuando un territorio recupera su voz, también recupera la posibilidad de decidir quién quiere ser. Porque al final, la verdadera paz no es solo la ausencia de guerra: es la posibilidad de construir una vida que ya no esté definida por ella. 

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  1. CARLOS ALBERTO ECHEVERRI CORRALES

    Un pueblo sin memoria , es como sufrir de amnesia, documentar las situaciones difíciles de una región en conflicto, y de igual manera , encontrar la forma adecuada para lograr dejar las armas y el reintegro a la sociedad civil de los alzados, dejando de lado la violencia, y canalizar toda estas experiencias para el conocimiento de las nuevas generaciones por medio de los vídeos, fotografías , documentos , servirá toda esta información para continuar preservando la PAZ y no revivir un pasado infame y dañino..Felicitaciones a LA ROTATIVA , en Colombia y que continúen en esa ardua labor de preservar la memoria de todo un pueblo…

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