Yuvelis Morales: la líder que frenó el fracking en Puerto Wilches, Colombia 

publicado en: Blog, Crónicas, Entrevistas | 3

Impulsó una resistencia colectiva que llevó a suspender proyectos de Ecopetrol y visibilizar la defensa del agua y la vida en Colombia. 

“Soy hija del río Magdalena”.

Yuvelis Morales lo dice como quien nombra una verdad que no necesita explicación. Nació en Puerto Wilches, Santander, Colombia, en el valle medio del río Magdalena, hija de pescadores artesanales. Allí, el río no es paisaje ni recurso: es presencia viva. Es madre que alimenta, que sostiene, que acompaña. Es también un ser espiritual en el que se entrelazan la vida, la memoria y el tiempo.

En su territorio, el agua no se mira desde lejos. Se vive. Crecer junto al río es crecer con otra forma de entender el mundo: una donde la tierra no es algo separado del cuerpo, sino una extensión de él. Por eso, en Puerto Wilches, las personas se reconocen como gente de agua. Una comunidad tejida por el Magdalena, donde defender el territorio no es una consigna, sino una forma de existir.

Pero ese mismo río que da vida atraviesa un territorio herido. Puerto Wilches está ubicado sobre el valle del río Magdalena, en una región que durante más de un siglo ha sido escenario de extracción de energía fósil. Es una zona donde la historia del país se escribe en clave de petróleo, derrames, conflictos sociales y silencios impuestos. Muchos la llaman “zona de sacrificio”, porque allí el desarrollo ha tenido un costo profundo: el del agua, la tierra y las vidas que la habitan.

A tan solo 30 minutos de la refinería de Barrancabermeja —uno de los principales enclaves petroleros de Colombia—, el territorio convive con una economía extractiva que ha marcado no solo el paisaje, sino también la forma de vivirlo. A eso se suma la presencia histórica de grupos armados y la vulneración constante de derechos, que han convertido la cotidianidad en una forma de resistencia silenciosa.

En ese contexto, el anuncio del fracking en 2019 no fue una noticia más. Yuvelis tenía 18 años cuando escuchó que el gobierno del entonces presidente Iván Duque impulsaría los proyectos piloto Kalé y Platero en Puerto Wilches, desarrollados por la empresa petrolera de mayoría estatal Ecopetrol.

Se hablaba de investigación, de ciencia, de viabilidad. Pero para la comunidad, el significado era otro: una amenaza directa al agua, al territorio y a la vida. Conscientes de ese riesgo, Yuvelis y las comunidades se unieron para enfrentar el proyecto.

“La lucha contra el fracking siempre ha sido colectiva”, afirma Yuvelis. Sin embargo, su voz se convirtió en una de las más visibles en la defensa del territorio.

Movida por la preocupación ante el futuro de su comunidad, se dedicó a investigar, formarse y documentarse. Pero entendió que el conocimiento por sí solo no era suficiente. Por eso, junto a otros habitantes del territorio, fundó Aguawil, una red de formadores creada para informar a los más de 30.000 residentes de Puerto Wilches sobre qué es el fracking y cuáles serían sus consecuencias.

La estrategia fue directa y territorial: campañas puerta a puerta, conversaciones en cada barrio, pedagogía comunitaria y organización popular. El objetivo era claro: que nadie decidiera sin saber.

En paralelo, Yuvelis se integró a la Alianza Colombia Libre de Fracking, desde donde se impulsaron acciones judiciales que llevaron el caso a las más altas instancias del país.

En 2024, la Corte Constitucional de Colombia confirmó que los proyectos Kalé y Platero vulneraron el derecho a la consulta previa de las comunidades. Como resultado, se retiraron las licencias ambientales y los proyectos fueron suspendidos.

Fue una victoria jurídica, pero también política y comunitaria. Para Yuvelis, esta lucha nunca fue solo contra el fracking. Es, ante todo, una defensa del río Magdalena, de la identidad ribereña y de las formas de vida que dependen del agua. Por eso, cualquier proyecto extractivista que amenace ese equilibrio encuentra una respuesta firme desde el territorio.

Aunque durante años se les dijo que nada podría detener el fracking en Puerto Wilches, la comunidad demostró lo contrario. 

Pero el camino no fue ni es sencillo. La visibilidad de su lucha también trajo consigo violencia. Su voz llegó a todo el país, y con ella, la estigmatización. Yuvelis nunca imaginó que defender su territorio implicaría poner en riesgo su propia vida. Fue señalada, amenazada y criminalizada. La llamaron guerrillera. En un país donde ser líder social implica un riesgo constante, su vida se volvió vulnerable. Finalmente, ante las amenazas, tuvo que salir del país.

Aun así, la distancia no frenó su convicción. Yuvelis sostiene que los combustibles fósiles no son una salida sostenible y que el extractivismo deja impactos profundos en los territorios. Por eso insiste en la necesidad de avanzar hacia energías comunitarias y una transición energética justa y territorial, que supere la dependencia del petróleo, el carbón y el gas. No como una consigna, sino como una urgencia.

Mientras tanto, en el mundo, ese debate también avanza. En Santa Marta se realizó la Primera Conferencia Internacional para la Transición Más Allá de los Combustibles Fósiles, con la participación de más de 50 países. Allí se trazó una hoja de ruta global hacia la descarbonización y la reducción de la dependencia de petróleo, gas y carbón.

Jóvenes, comunidades y delegaciones enteras llevaron una misma pregunta: qué futuro es posible si el presente sigue destruyendo las bases de la vida. En ese escenario, la historia de Puerto Wilches no era una excepción, era parte de un mapa más amplio y sirvió como ejemplo para reclamar y exigir que la historia  no se repita ni en Colombia ni en ningún otro lugar del mundo.

En medio de este proceso, llegó un reconocimiento global: el Premio Medioambiental Goldman 2026, conocido como el “Nobel verde”. Yuvelis fue una de las seis mujeres premiadas a nivel mundial y la única colombiana en recibirlo este año por su lucha y liderazgo en Puerto Wilches.

El premio no llegó como punto final, sino como reconocimiento a una lucha que nunca fue individual. Para ella, ese gesto no le pertenece solo a su nombre. Le pertenece a su comunidad, a las personas que caminaron con ella, a quienes sostuvieron la defensa del territorio cuando no era visible para el mundo.

También es un recordatorio incómodo: la crisis climática no es futura, es presente.

Yuvelis lo repite con claridad: no se trata de opiniones, sino de evidencia. Las comunidades han visto, han documentado, han vivido las consecuencias del extractivismo. Y por eso insisten en que el fracking no es una solución, sino parte del problema. 

En un mundo que aún depende de los combustibles fósiles, su voz se vuelve advertencia, pero también esperanza. Porque mientras los sistemas globales discuten el cambio, en los territorios ya está ocurriendo otra cosa: redes comunitarias, organización, cuidado del agua, defensa del río. Yuvelis sabe que el reconocimiento no aligera el camino. Al contrario, lo amplía. Implica seguir, sostener, no detenerse.

Por eso su mensaje es claro y contundente: este no es un problema aislado. El fracking ocurre en un territorio, pero sus consecuencias atraviesan todos los límites.

Las comunidades ya han advertido sobre un futuro incierto si no se actúa. Y hoy, más que nunca, insisten en la urgencia de una transición energética real. Porque no se trata solo del presente, sino del futuro que se quiere construir. Uno que no pertenezca a unos pocos, sino a todos.

Es su experiencia y preparación la que hablan. No se trata de un capricho de activistas, si no de pruebas reales y científicas que demuestran las consecuencias negativas del fracking. Han recorrido el continente documentándose y viendo los efectos en otros territorios, pero sobre todo, los han vivido. Por eso el Goldman llega en ese momento crucial, pues mientras en el mundo entero cada vez hay una mayor exigencia por petróleo, carbón y gas, Colombia está teniendo una lucha por la vida y reconoce que los combustibles no son la salida. 

Por eso, aunque recibe este reconocimiento con alegría y orgullo, también sabe que implica una gran responsabilidad con su territorio y con el país entero, por continuar esta lucha por ella y por todos, por eso hace un llamado para que se sigan escuchando a las comunidades,  y que los países tomen acción para proteger los recursos y la vida.

Los países deben estar preparados para lo que viene. Es urgente la transición energética, porque en menos de lo que todos piensan ya no habrá combustibles fósiles que extraer y, más allá de eso, las consecuencias de su extracción y de lo que quedará para entonces, serán nefastas.

Con tan solo 25 años, esta ingeniera ambiental sabe que el premio y el reconocimiento son solo parte del camino. Un camino que aún es largo. Por eso esto no se detiene, seguirá luchando por ella, por su comunidad, por el río magdalena y por Colombia. Porque como hija de Puerto Wilches la defensa por los recursos, el territorio y la vida siempre serán su mayor bandera. Pero, como hija del río, sabe que su lucha no es solo una forma de vida, sino también una forma de resistencia. 

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3 comentarios

  1. Gladys Restrepo

    Definitivamente Yuvelis es una joven convencida de la importancia de el río Magdalena en su comunidad en Puerto Wilches y de las consecuencias y daños del fracking.
    Ama su región, su rio, su comunidad y ha realizado una labor de concientización de los efectos negativos de la extracción de combustibles fósiles.
    Gracias a Yuvelis por su entrega, pasión y lucha por su rio, su territorio y su país.
    A Impacto gracias, cada proyecto que publica nos deja grandes aprendizajes de la importancia de la unión y la lucha de las comunidades por sus regiones, proyectos que por lejanos que sean de nuestra ubicación geográfica nos muestran que todos somos vulnerables y que en la medida que asumimos nuestra responsabilidad podemos alcanzar grandes logros en pro de nuestro entorno

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