Diwö Ambiental: donde la restauración nace desde la comunidad 

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Una organización que transforma la conservación en oportunidades de vida para comunidades vulnerables del Pacífico Sur de Costa Rica.

Foto: Diwö Ambiental

Hay territorios donde el verde no es solo un color, sino una forma de existir. Donde el bosque respira con la gente, y los ríos, los manglares y la tierra sostienen una vida que depende de equilibrios invisibles. En el sur del Pacífico costarricense, ese equilibrio ha empezado a fracturarse en silencio: la expansión agrícola, la presión sobre el agua y la falta de oportunidades han ido desplazando no solo al bosque, sino también a quienes lo habitan.

Porque no siempre el problema es la ausencia de conciencia. A veces, lo que falta es algo más concreto: las condiciones para actuar.

En ese punto de quiebre, donde la necesidad se encuentra con la voluntad, nació en 2016 Diwö Ambiental. No como una gran estructura, sino como una inquietud personal que se volvió colectiva. Marlon Webb, su actual director, había seguido de cerca las discusiones globales sobre cambio climático, los compromisos del Acuerdo de París y las metas del desarrollo sostenible. Pero algo no terminaba de encajar. Mientras en el mundo se trazaban objetivos ambiciosos, en muchos territorios esas promesas no lograban aterrizar.

Foto: Diwö Ambiental

Costa Rica, con su historia ambiental reconocida, no era la excepción. En las zonas rurales, indígenas y costeras, los problemas persistían. Las comunidades seguían enfrentando la degradación de sus ecosistemas y, al mismo tiempo, una falta estructural de oportunidades.

Fue entonces cuando decidió dejar de mirar esos acuerdos como declaraciones lejanas y empezar a traducirlos en acción. Convocó a un grupo cercano y juntos comenzaron a construir una plataforma que conectara esas metas globales con las necesidades reales de las comunidades. Así nació Diwö: como un puente.

Desde el inicio, la organización entendió que la conservación no podía imponerse desde afuera. Que restaurar un ecosistema sin incluir a quienes viven en él es, en el mejor de los casos, una solución temporal. Por eso su modelo partió de una premisa clara: acompañar a las comunidades para que ellas mismas pudieran alcanzar sus propios objetivos.

No se trataba solo de proteger el bosque, sino de garantizar que quienes dependen de él pudieran vivir dignamente.

Foto: Diwö Ambiental

En las regiones donde trabajan, la presión sobre el territorio es constante. La ampliación de la frontera agrícola ha transformado el paisaje, reemplazando bosques por monocultivos y alterando el uso del suelo. A esto se suma la falta de empleo, que deja a muchas comunidades con opciones limitadas, empujándolas hacia economías informales o actividades que no siempre responden a sus necesidades.

Pero incluso en medio de ese contexto, las soluciones ya existían. Las comunidades sabían qué hacer. Lo que faltaba era el acceso a recursos, herramientas y acompañamiento para llevar esas ideas a la práctica. Ahí es donde Diwö interviene.

Con el paso del tiempo, su trabajo se estructuró en tres líneas de acción que dialogan entre sí. La primera es la restauración de ecosistemas: bosques, manglares y sistemas lagunares que requieren no solo ser protegidos, sino regenerados.

Foto: Diwö Ambiental

La segunda es la educación y sensibilización, especialmente dirigida a jóvenes. Talleres, cineforos, voluntariados e intercambios culturales buscan sembrar algo más profundo que información: una relación distinta con el entorno, donde la adaptación al cambio climático deje de ser un concepto abstracto y se convierta en una experiencia cotidiana.

La tercera línea es, quizás, la más determinante: el empoderamiento social y económico. A través del fortalecimiento de capacidades locales, la organización impulsa la creación de “negocios verdes”, iniciativas que permiten generar ingresos sin romper el equilibrio del ecosistema. Aquí, la conservación deja de ser un sacrificio y se transforma en una posibilidad.

Pero este proceso no ocurre en el vacío. Diwö trabaja junto a 22 organizaciones locales, priorizando a mujeres y comunidades indígenas. En conjunto, desarrollan proyectos que responden a necesidades concretas: viveros, apiarios, invernaderos, sistemas de agua. Infraestructura básica que, más allá de su función, fortalece el tejido social y abre nuevas rutas económicas.

Foto: Diwö Ambiental

Cada proyecto nace de una evaluación compartida. Se define un objetivo, se traza una hoja de ruta y, a partir de ahí, la organización busca los recursos necesarios para hacerlo posible. No es asistencia. Es articulación.

En esa lógica, el conocimiento local deja de ser secundario y se vuelve central. Porque nadie entiende mejor un territorio que quien lo habita. Las comunidades indígenas, por ejemplo, conservan saberes precisos sobre los ciclos del bosque, el comportamiento de la fauna o los usos medicinales de las plantas. Integrar ese conocimiento con la ciencia moderna no solo mejora las soluciones, las hace viables.

Esa combinación es la que permite que la restauración no sea un evento, sino un proceso que se sostiene en el tiempo.

Además, trabajar con las comunidades no es solo una decisión ética, es una estrategia técnica. Cuando una persona comprende que su bienestar depende directamente de la salud del ecosistema, la protección deja de ser una obligación externa y se convierte en una acción propia. Así, la conservación se vuelve permanente.

Foto: Diwö Ambiental

Sin embargo, el camino no ha sido lineal. Uno de los mayores desafíos ha sido sostener el financiamiento. No por falta de proyectos, sino por la dificultad de garantizar que los recursos lleguen a donde realmente se necesitan. La pandemia fue un punto crítico, y los recortes recientes en fondos internacionales han vuelto a poner en tensión la continuidad de muchas iniciativas.

En un escenario donde abundan los compromisos globales, el verdadero reto sigue siendo la ejecución. Aun así, los resultados empiezan a hacerse visibles. En las fincas de las 258 familias con las que trabajan, el paisaje ha comenzado a cambiar. Pero más allá de lo ambiental, la transformación es también social. Las comunidades no solo han recuperado prácticas sostenibles, sino que han generado nuevas formas de ingreso vinculadas a ellas. Se han fortalecido los lazos, se han creado redes, se ha activado una economía que dialoga con la naturaleza en lugar de explotarla.

A veces, esos cambios se manifiestan en gestos que parecen pequeños. Como una familia que logra acceder a un crédito para comprar un camión y distribuir su producción, integrando también a otros agricultores. Pero detrás de ese logro hay algo más profundo: organización, confianza y un tejido social que empieza a sostenerse por sí mismo.

Foto: Diwö Ambiental

Con el acompañamiento técnico y los procesos de formación, también ha cambiado la forma en que las comunidades se perciben a sí mismas. Hoy hay más liderazgo, más autonomía, más capacidad de proyección. Y eso, inevitablemente, impacta en la manera en que se cuida el entorno.

Porque cuando cambia la relación con el territorio, cambia todo. Desde Diwö, el mensaje es claro: la transformación no ocurre solo sumándose a iniciativas, sino participando activamente en los espacios donde se toman decisiones. Tener voz, incidir, elegir y ser elegido. Porque sin representación, las comunidades siguen siendo habladas por otros.

Y el tiempo apremia. Cada vez parece más lejano el cumplimiento de los acuerdos globales. Pero también es cierto que, en lugares concretos, ya se están construyendo respuestas.

Mientras tanto, Diwö continúa su camino. Este año proyectan una nueva etapa en la región Brunca, documentar el trabajo realizado y ampliar su red de aliados. Su objetivo no ha cambiado: seguir conectando conservación, desarrollo y comunidad. Porque en esos territorios donde el bosque todavía resiste, la restauración no empieza con un árbol. Empieza con la gente.

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2 comentarios

  1. CARLOS ALBERTO ECHEVERRI CORRALES

    Otro maravilloso artículo, que nos permite conocer proyectos maravillosos de recuperación y conservación del ecosistema esta vez en Costarrica , por medio de la organización DIWO AMBIENTAL , en pro de la recuperación de bosques nativos, manglares y lagos..Maravillosa que la unión de personas permita la creación de emprendimientos y sean autosuficientes para su diario vivir..ojalá esta organización logré los recursos necesarios para el logro de sus aspiraciones.. Estoy de acuerdo , la recuperación no se da con un nuevo árbol, empieza con la convocatoria y la unión de quienes habitan esos hermosos parajes naturales que es necesario rescatar y conservar …

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